Hola amigos, a propósito de las fiestas patrias y del turismo, les ofrezco una experiencia vivida el año pasado en la ciudad de Canchaque. Espero que al leerla, anoten esta bonita ciudad del ande piurano como destino turístico infaltable en la vida de todo poblador de esta región norteña.
“Eran las ocho de la mañana del día 27 de julio y los rostros de muchas personas que atestaban la sala de espera en el terminal de Castilla demostraban preocupación al no encontrar un lugar en los buses de las diferentes agencias de viaje. La antesala a nuestra salida de estudios estuvo a punto de frustrarse. Fue nuestra experiencia angustiosa ver las listas de pasajeros llenas de inicio a fin. Después de dos horas de espera y muchas súplicas a las recepcionistas pudimos obtener los tres cupos que necesitábamos para poder realizar esta importante travesía.
Llegamos a la ciudad de Canchaque y nos topamos con otra ingrata sorpresa: No habían hospedajes disponibles debido a una masiva afluencia de turistas; situación que comprendimos solamente cuando nos informamos que habíamos coincidido con la fiesta de la Virgen del Carmen. Teníamos que hacer algo, no podíamos dormir en la plaza. Nos dirigimos a San Miguel de El Faique, un apacible distrito ubicado a unos diez minutos de allí y felizmente encontramos habitaciones.
Desde ese momento comenzó el itinerario. Nos dirigimos a nuestro primer destino: el Cerro Huayanay, ubicado a unos 20 minutos a pie. Una mole increíble de rocas macizas cubiertas de vegetación se asomaba a nuestros ojos. En su cima encontramos una capilla que albergaba una cruz de madera y a donde llegan varios visitantes para celebrar la fiesta de las cruces. El ascenso es agotador; no obstante, el esfuerzo se ve recompensado con una preciosa vista de de toda la zona. El descenso fue más ligero. Con un poco más de aire en los pulmones y luego de un buen descanso, pudimos observar la gran cantidad de especies vegetales que crecen en todo el lugar: cipreses, cactus, ágaves, orquídeas e incluso dos robustos árboles de mango que crecen en la cima del Huayanay.
En la noche partimos nuevamente a Canchaque, entusiasmados e inquietos por no saber qué nos había preparado esta vez el singular pueblo del café y de las tortas de viento. Nos detuvimos en la pequeña y pintoresca plaza, donde las voces alegres de los pobladores y visitantes, sumados a la algarabía del ambiente festivo en honor a la Virgen del Carmen, convertía a Canchaque en un singular destino cultural a pesar de los 1200 m.s.n.m. Minutos después, la banda de músicos, ataviados con sus coloridos trajes, empezó su repertorio, y un grupo de bailarines inició la “danza de los diablicos”. Formando un círculo alrededor de los danzantes y músicos, un sinnúmero de cámaras y filmadoras hacían su mayor esfuerzo por captar los mejores momentos de este singular baile. No sólo fue un conjunto de pasos coordinados al ritmo de trompetas, tambores y platillos; sino una importante representación de la religiosidad popular.
A la media noche, la serenata culminó con un imponente castillo de fuegos pirotécnicos, que cautivó la atención de los presentes y se llevó los aplausos fervorosos cuando la silueta de la Virgen del Carmen apareció iluminada en éste. Luces multicolores en diversas formas de círculos, espirales y cataratas se desprendían del castillo e iluminaron la plaza durante media hora.
Al amanecer del 28 de julio, nuestro itinerario nos condujo hasta los Petroglifos de Villaflor, ubicados a 15 minutos a pie, en el mismo San Miguel de El Faique. Llegamos al mirador de Villaflor e iniciamos el descenso hasta los petroglifos. El camino estaba hecho de piedras que forman todo un sistema de graderías de fácil caminata. Luego de unos minutos observamos los dibujos extraños realizados en piedras por habitantes milenarios. Lamentablemente, están totalmente descuidados, pues para resaltar las figuras se ha utilizado tiza común y de colores, y en una clara muestra de falta de respeto por nuestro patrimonio, algunos desadaptados han realizado inscripciones y tallas, deteriorando este recurso.
A las once de la mañana nos dirigimos a la ciudad de Canchaque, donde el ambiente festivo aún podía respirarse. La plaza estaba congestionada de gente. Todos estaban esperando el comienzo del festival de café y el festival gastronómico. Al costado de la Iglesia se había instalado una feria artesanal donde se podían adquirir artículos como: abonos orgánicos, alforjas, adornos hechos con guayaquil, dulces y, fundamentalmente, el café canchaqueño, principal protagonista de las ventas.
Al atardecer, nos dirigimos a Peroles, famosas cavidades excavadas en roca que están ubicadas en el curso de una quebrada. El sendero corto y llevadero, flanqueado por robles continúa mientras que el visitante oye el sonido de las aguas que anuncian la llegada. Ya está cerca. Unos minutos más y la belleza es incomparable. La mirada se deleita con el entorno. Si uno desea puede darse un chapuzón en cualquiera de las tres cavidades, siempre que pueda tolerar la frialdad de las aguas. Después de conocer y explorar, uno puede sentarse, con cuidado, al filo de la caída de las aguas, para convertirse en espectador de una bellísima puesta de sol. Sin embargo, debemos retornar a la ciudad, pues el sendero se hace oscuro y el frío comienza a sentirse.
Por la noche, pudimos compartir con los pobladores la realización de un baile social, que este año sería amenizado por una orquesta de Lima. Cumbias, sanjuanitos y huaynos animaron la noche. Las últimas horas en Canchaque, contemplamos el amanecer que se asomaba y grabamos los últimos momentos, intentando registrar el singular canto de las ranitas que abundan en esta temporada.
Se acababa así nuestra estancia en esta bellísima ciudad andina. Las palabras quedan cortas para describir el conjunto de sensaciones que se han registrado en nosotros, pero que recordaremos para siempre como una experiencia inolvidable.
El turismo vivencial nos lleva a vivir las fiestas tradicionales de los pueblos, a compartir y a conocer las costumbres de su gente. Canchaque tiene potencial cultural y natural suficiente para desarrollar proyectos innovadores que integren las propuestas ya existentes, haciendo que la riqueza de nuestra suiza peruana, se convierta en un producto turístico capaz de generar desarrollo sostenible”.

